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Traducción Automática y transcreación: ¿dos enemigos irreconciliables?

En nuestras entradas anteriores explicábamos que la transcreación se basa en que el texto meta pueda generar en los receptores los mismos efectos y emociones que generaba en su idioma de origen.
Desde luego, resulta complicado imaginar que los textos producidos por una máquina puedan producir verdaderas emociones en los humanos. Así, si tuviésemos que situar la Traducción Automática y la transcreación en una línea, ambas se encontrarían en los extremos contrarios. Sin embargo, aunque es cierto que se trata de dos técnicas de traducción diametralmente opuestas, esto no quiere decir que ambas no se puedan integrar con un resultado satisfactorio.
Por ejemplo, si hablamos de productos como un sitio web o una campaña publicitaria, la transcreación será imprescindible para determinados aspectos como la página de inicio o el eslogan, ya que es lo que primero impactará en los receptores y lo que determinará si se sienten atraídos o no por el producto en cuestión. Sin embargo, se podría incorporar la Traducción Automática, siempre seguida de un proceso de posedición (revisión humana de las traducciones generadas automáticamente) así como procesos de traducción asistida por ordenador a algunos elementos secundarios o que contengan, por ejemplo, fragmentos de texto repetitivos o en los que se emplea un lenguaje más técnico y cuyo propósito no sea atraer al público objetivo, sino simplemente ofrecer información. Esto supondría una reducción de costes y un aumento de la productividad.
En definitiva, se trata de una cuestión de equilibrio.

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